Después de El ecuador de Ulises, Roser presenta La bachillera, una novela basada en hechos reales sobre Leonor, mujer del XIX gran lectora y valiente porque “… las damas con exceso de lecturas espantan a los buenos maridos”. Avanzada a su tiempo y desbocada, se rebela ante el orden establecido entre franceses refugiados, guerras, pasiones, erotismo, celos y crueldad, y con la compañía de personajes imperfectos que guardan demasiadas similitudes con cada uno de nosotros.

Mujer, poeta y amante a partes iguales, Roser reclama para sus congéneres la libertad con la que ella viste sus actos, encarnando el hedonismo bien entendido, ese que no cuestiona ni quiere ser cuestionado. Que se nutre de libertad, inquietud y curiosidad; del que te lleva siempre más allá. Porque Roser habita en un mundo que no ha creado pero vive en él como si fuera suyo. Sí, actitud, la tiene toda.

En esta ocasión, ha tenido a bien llevarla hasta un servidor para mantener una distendida charla. No negaré que soy un tipo afortunado.

Me adelanto unos minutos a la cita. Adoro verla llegar (¿o venir?).

Ahí llega. Me ha visto. Ella sonríe y yo muero. Guardo los auriculares en el bolsillo interior de la chaqueta a sabiendas que un trocito de cable blanco asomará de todos modos, mientras apuro mi cigarro en la puerta de la cafetería. Lo apago. Ella enciende uno. Empezamos bien [risas].

– ¡Rafaaaaa!
– Calla y bésame

[Lo hace. Más risas]

Durante unos instantes dudo, y me siento tentado a decirle que al diablo con el libro, el café y la entrevista. Lo quiero todo, menos eso. Y así ocurre en mi cabeza, a lo John Cusack en High Fidelity.

Pero la curiosidad (y en menor medida, el deber) me puede. Además de la cortesía y el placer de una charla, como siempre, de todo menos convencional.

¿Quién diablos eres Roser Amills?
Soy la compañera de juegos que siempre soñé tener.

¿Serías capaz de sintetizar en un tweet todas tus ocupaciones profesionales?
Vivo a granel.

La Bachillera…. Cuéntanos.
Tendemos a pensar que los modernos somos nosotros. En esta novela, basada en personajes y sucesos reales, desvelo un poquito, hasta donde puedo, lo modernísimos que fueron nuestros antepasados, y sobre todo las circunstancias de las mujeres (tomo a una como protagonista, mallorquina como yo porque echo de menos mi isla) que se atrevieron a hacer lo que les vino en gana cuando las circunstancias eran mucho peores a las actuales. Para que nos digamos que si ellas pudieron… nosotros también, para que se nos bajen los humos hipster y recordemos de dónde venimos. Siempre viene bien.

¿Qué hay de Roser Amills en La Bachillera?
Todo lo que escandalice, emocione, dé rabia o seduzca, quiero que sea mío, ojalá lo haya conseguido, no pretendía otra cosa.

Sí, lo has conseguido. ¿R, qué quieres ser de mayor?
Mayor pero informal.

¿Hablamos del placer, querida?
El placer es gasolina. Pero eso a secas no sirve de nada. El coche la autoestima, el GPS, la curiosidad… Y la piloto, en mi caso, una mujer con buen apetito que no está dispuesta a dejar una miga en el plato.

¿Qué le pone a Roser Amills?
Todo. En serio.

Sexo, vino y mujer… me interesan [mucho] tus reflexiones al respecto. Escucho atento:
El coño es una copa (y no lo digo yo, muchos eruditos han hablado del Santo Grial como vientre femenino, más finos, Jacobo Siruela me lo dijo una tarde de sobremesa compartida entre unos cuantos y todos asintieron como si fuera lo más normal del mundo, me pareció una idea genial y la he adoptado) y con él bebes y te dejas beber, mujer.

Este es tu espacio y tu momento. ¿Algo que quieras añadir?
Sí. Que me gusta este encuentro, ojalá se repita muchas veces.
Sabes que sí.

Nos despedimos en la puerta de la cafetería. Esta vez soy yo el que se queda colgado con el cigarro en la boca. Me planta un beso a la velocidad del rayo. Roser tiene prisa y yo odio ver cómo se va.

 

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